Una experiencia auténtica en cada viaje a Taiwán

Un invierno, cogí un vuelo China Airlines rumbo Taipei, con escala en Amsterdam y Bangkok, aproveché el trayecto de regreso para un fantástico stopover en Bangkok, ¡para no aprovecharlo! Hacía años que no volvía a Taiwán, así que todo lo que sentía era emoción e ilusión, no importaba el largo camino que me esperaba. En cuanto el avión llegó a destino y tomó tierra en el aeropuerto Taiwan Taoyuan International, aterrizó un tifón, y hubo cancelaciones de vuelo, ¡entramos por los pelos! En España hacía frío así que yo aún iba vestida modo cebolla, tuve que ir quitando las capas ya que comenzaba a sudar con ese cálido clima taiwanés, casi primaveral en mes de Diciembre.

Taiwan, tierra que me vio nacer y donde solo viví 5 años, pero por la que siento gran cariño, es una isla llena de vida y encanto (tanto paisajístico como humano), aunque todavía es un destino desconocido para muchos. Su capital Taipei está de moda, el año pasado se clasificó como el nº 11 entre los 167 mejores destinos en Asia, y no es de extrañar. Más allá de Taipei 101, el octavo rascacielos más alto del mundo, y otros lugares de visita obligada, cuando voy como “visitante”, disfruto sobre todo del “street food” en los famosos mercados nocturnos; de tomar el mejor té fresco entre frondosas plantaciones; de derretirme en relajantes baños termales con vistas a la naturaleza, y otros pequeños placeres. Necesitaría escribir páginas y páginas para contarlo todo.

¿Quieres saber más de Taipei? ¿Recomendaciones personales fuera de lo típicamente turístico? Aquí me tenéis.

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