Primer trayecto hacia América – sin miedo a volar

Años 80, un vuelo transcontinental repleto de pasajeros durmiendo, unos roncando, algún que otro fumando, sí, estaba permitido entonces… de repente se empieza a oír un ligero alboroto frente a la puerta de un aseo, dos azafatas de vuelo hablan hacia el interior: “tranquila, solo tienes que mover el pomo hacia la derecha y estirar hacia dentro”, desde dentro sale la voz de una niña que habla en chino, nadie entiende lo que está diciendo, la puerta sigue cerrada desde dentro y ella empieza a aporrear la puerta, hasta que aparece un señor entre la gente allí agolpada, el padre de la niña. Tras indicaciones del padre, por fin se abre la puerta y la niña, roja de vergüenza y agobio, se abre paso entre la gente para irse al asiento tras su padre. De pronto, antes de que pudiera llegar al asiento, el avión empieza a sacudirse y la niña es casi lanzada al aire, el padre se sujeta al respaldo de un asiento y con la otra mano logra levantar a su hija del suelo. Las azafatas se tropiezan en los pasillos en medio de la violenta turbulencia, el piloto de aviso se enciende y comienza a sonar “ding ding…”

Aquella niña avergonzada era yo, y así fue el primer vuelo de mi vida, como emigrante, de Oriente a Occidente, mi destino junto a mis padres y hermano era Paraguay, en el continente americano. Siempre que recuerdo ese vuelo me pregunto cómo quise volver a coger un avión, y si el actual sistema de cierre de los lavabos, que permite abrirse desde fuera, se inspiró en mi pequeño incidente en el aseo 🙂

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